
La belleza, a lo largo de la Historia, se ha relacionado con el bien. La fealdad, en cambio, se reservó al mal. Por eso las brujas tienen rasgos terribles y la Cenicienta, la Bella durmiente y Blancanieves eran guapas. La filosofía clásica griega también vio en la belleza una continuidad del bien. Pero, a menudo, se olvida esta unión de inseparables. Muchas veces porque la funcionalidad se impone a la estética y arrasa con ella.




































